El mastering lo es todo

Quien no conozca el término mástering a estas alturas de la película, desde luego, se está perdiendo mucho. Como músicos y productores que somos, independientemente del escalón donde nos encontremos, vamos a tener siempre una misma exigencia por parte de nuestra mente: “Quiero sonar bien”

Masterizar es hacer “maestro” un archivo sonoro capaz de “sonar bien” en cualquier medio de reproducción, y hoy en día debemos incluir también la coletilla de “sonar bien” en cualquier formato de audio. Lamentablemente, la idea de “sonar bien”, pone un pie dentro del universo de lo subjetivo ya que, al igual que los colores, para gustos, también está el sonido.

Sin embargo, existe una gran tendencia a presuponer que aquellas canciones que escuchamos a mayor volumen, vamos a percibirlas también como las mejores, Aunque quizá no sea tanto presuponer.

Experimentalmente existen datos que revelan que aquellas músicas escuchadas a mayores volúmenes son realmente percibidas como mejores.

¿Cómo traducir esto al mundo de la producción musical?, muy fácil, lo que vamos a querer es que nuestras canciones se perciban con el mayor volumen posible.

Puedes imaginarte como ingeniero de mástering en tu amplio estudio esperando nuevos clientes con los que trabajar. De todos ellos, probablemente el 90% te dirán que lo que quieren es sonar como tal artista. Buscas la referencia y efectivamente, suena alto de narices, analizas el archivo de audio y resulta ser una enorme barra negra donde a duras penas vas a poder ver picos y valles. Así que te pones al lío con tu cadena básica de mástering:

Primero, haces desaparecer todo lo que haya por debajo de 30 hz con tu ecualizador. También deberíamos eliminar todo lo que quede por 16.000 hz con vistas a que probablemente, la canción vaya a ser reproducida en formato .MP3 (en el mejor de los casos) y ya tenemos margen para empezar a subir el volumen dado que nos hemos deshecho de buena parte de la información inaudible.

Activamos nuestro compresor de turno y empezamos a bajar el umbral hasta que nuestra aguja empieza a bailar con los picos naturales de la canción. Bien, esto quiere decir que ya estamos comprimiendo, o dicho de otro modo, estamos haciendo desaparecer aquellos picos naturales que tenía el tema. Y continuamos comprimiendo hasta el punto donde sin dejar de percibir la totalidad de la canción, hemos reducido todo lo posible su volumen inicial. Estamos ahora listos para llevar nuestro audio a un volumen estratosférico.

Activamos nuestro limitador/maximizador y alzamos el volumen hasta llegar a nuestro límite como ingenieros de mástering, esto es: los cero decibelios digitales. Todo aquello que ose superar los cero decibelios provocará la temida distorsión digital, lo cual es como subirse a un bordillo en un examen de conducir, es decir, nadie te va a dar el aprobado.

En resumen, llegas a tu cliente con tu trabajo realizado el cual se parece bastante en volumen a la referencia que te indicó y voilà, le parece estupendo. Lo que él no sabe es que aquello que tú le entregas se parece como un huevo a una castaña a la canción que él hizo en su momento.
Como dije, un 90% de clientes te pedirían esto como ingeniero de mástering, sin embargo, habrá un tímido 10% que lo que te va a pedir es otra cosa bien distinta: “sonar realmente bien”

Un músico y/o productor confiado en su obra, experimentado, que sabe lo que se hace siempre va a querer sonar alto, por supuesto, pero también va a pedirte sonar natural. Es decir, te pedirá que respetes las dinámicas, picos y valles del tema, que suene sólido y con consistencia; y aquí la película es muy distinta.

El título del artículo es un título trampa, siento decirte. El mástering no lo es todo, masterizar para mí, es como iluminar un cuadro en un museo. Para que se aprecie bien, debes respetar toda la gama cromática que lo compone, debe reflejar bien los trazados de los pinceles, debe ayudar a percibirse como el todo que ya es y nunca distorsionarlo. Pero claro, si quieres ensalzar una obra debes preocuparte mucho durante su creación para dejarlo bonito y no esperar que esa luz disimule tus errores porque ocurrirá todo lo contrario.

En resumen, si resulta que eres tú el músico, el ingeniero de mezcla y el ingeniero de mástering, vas a tener que prestar atención de mayor a menor. Créeme, cuanto más trabajes tu música, tendrás que trabajar menos tu mezcla, y cuanto más trabajes tu mezcla, menos trabajaras tu mastering, y esto señores, debería ser una regla universal que tendréis de grabar a fuego en vuestras cabezas, ya sea porque os lo digo yo, o bien porque la experiencia os lo demuestre.

Adrián Márquez, melómano y auidiófilo, estudié psicología y piano en conservatorio. Dedicado en alma a la producción e investigación musical. En cuerpo y mente me dedico a algo que por suerte, paga mis facturas. Puedes escucharme en Youtube y verme en Instagram buscándome como Adrikitown

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